NACIONALES
Buitres vs Estados
26 de junio de 2014

La decisión de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos tiene obvias consecuencias para la economía argentina.

Lo primero que preocupa a los argentinos es qué pasará con el plan de desendeudamiento externo que se venía desarrollando desde el 2005, cuando Néstor Kirchner impulsó el primer canje con los acreedores externos. El discurso por cadena nacional de la Presidenta advierte que el camino elegido será, en un marco de extrema tensión con los fondos buitres y el juez de Nueva York, Thomas Griesa, intentar continuar por esa senda, siempre que no se exija sumir el país en la bancarrota o la hipoteca de su futuro.

En el caso de la deuda externa, la Argentina es un protagonista de primer orden, ya que la reestructuración del 2005 fue la mayor de la historia del capitalismo, con más de 80.000 millones de dólares sobre la mesa. La suerte con que termine este proceso será un caso ejemplar para el resto del mundo.

Lo segundo que hay que tener en cuenta es que si la endeble economía mundial -donde asoman restricciones ya no sólo en las economías del primer mundo, sino en varias regiones emergentes- sigue su curso, muchos otros países de distinto calibre tendrán motivos para preocuparse por la reciente decisión de los tribunales norteamericanos.

Lo que aparece como visible es la inacción de los gobiernos de los países centrales para gobernar esa dinámica financiera híper recalentada. El gobierno de Obama, que había explicitado su deseo de que la Corte Suprema oiga algunas razones de peso en el caso argentino no jugó, finalmente, ningún papel relevante, aún cuando la decisión puede volver más caóticas las reglas financieras internacionales. Los distintos gobiernos europeos y las instituciones de la Unión Europea continúan con el “dejar hacer” de los mercados, aún cuando las últimas elecciones en el Viejo Continente pusieron en coma a varios sistemas políticos nacionales, ya sea con opciones por izquierda o por derecha.

El mundo se encuentra en tiempos de gobiernos débiles, sacudidos por la estela de las grandes desregulaciones económicas de los años 80 y 90 donde el poder político de los países centrales tenía misiones ideológicas claras: llevar "la democracia y el mercado libre" al resto del mundo, “cobrarse” la victoria histórica sobre el bloque soviético imponiendo una hegemonía norteamericana indiscutida. Hoy, esos objetivos o están caducos o se volvieron muy borrosos.

¿Qué hay frente a eso? Prácticamente el resto del mundo, motorizado por algunas potencias como China o Rusia. No casualmente, la actividad multilateral y diplomática tiene como protagonistas a estos países y regiones, como se demostró en la reciente reunión del G77 en Bolivia, o la próxima de los BRICS en Brasil, ambas en territorio sudamericano. Sin embargo, por más aceleración que se ponga a esta coordinación de los países del “sur”, estamos frente a una institucionalidad aún en formación, incipiente y compleja. La impavidez diplomática de los países centrales pone de relieve y jerarquiza estos intentos, pero no reemplaza mágicamente la estructura de un mundo que se sigue rigiendo por los parámetros anteriores, basados en la concentración de poder de los mercados autorregulados.

Es este escenario en transformación, donde lo que prima es un vacío de poder antes que un “orden”, ya sea establecido o alternativo, el que encuentra a la Argentina en su puja con los fondos buitre. Por momentos muy solitaria, en otros con acompañamientos de los países amigos. Siempre en situación de incomodidad y fragilidad, propia de una pelea que se da en medio de un mundo con reglas que ya no funcionan, pero donde las nuevas todavía no se escribieron.

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