POLÍTICA
No sos vos, soy yo
2 de junio de 2014

Si hay algo que tienen en común hoy los días del ex ministro de economía y ex jefe de gabinete de ministros Ariel Ivovich, no es que el teléfono le suena cada vez menos, ni que su birome esté durmiendo una larga siesta, ni que ahora se tenga que pagar el pasaje a Buenos Aires, lo que escucha por lo menos una vez al día, todos los días es el insoportable “yo te dije que te iba a cagar”.

Ariel Ivovich llegó al gobierno de Daniel Peralta el 10 de diciembre de 2011 de la mano del FPV, espacio desde donde no niegan esa realidad, pero que se desmarcan en el hecho que Ariel permaneció más allá del 29 de diciembre.

No podemos dar fe, pero suponemos que a alguien le dijo que se queda con el mismo objetivo que otrora jefe de gabinete: me quedo para monitorear y ver qué pasa.

Eso es lo que dijo, no lo que hizo. La evaluación fue rápida: Peralta casi sin poder, la estructura con la que llegué se fue del gobierno, con la cara rosada y fresca Ivovich avanzó. El proyecto político de Ivovich comenzó el 29 de diciembre de 2011, quedando como ariete de la recuperación del gobierno provincial. La realidad indicaba también que no tenía mucho para perder, si la cosa empeoraba iba a ser producto de la pesada herencia de la mala administración y si mejoraba eran todos laureles.

Peralta eligió a Ivovich como niño prodigio, le delegó las facultades de la gestión y las responsabilidades económicas y políticas de la provincia, mientras él se sumergía en una depresión producto de las presiones de los conflictos de la provincia, mezclados con los errores que una y otra vez repetía en la construcción de un espacio que carece de acompañamiento real, que solo empuja a aquellos que en un toma y daca aparecen para dar el presente. Con el camino bastante allanado el jefe de gabinete siguió adelante, daba la cara en conferencias de prensa, se cargaba al hombro la provincia y trataba de edulcorar el humor de los santacruceños con las supuestas mejoras de los números del estado.

Cuando Peralta queriendo correr por izquierda al FPV convocó a la UCR, al PO y a otros sectores políticos para salir a anunciar que iba a mandar un proyecto para derogar la ley de lemas, y hasta fue más allá diciendo que quería derogar la elección indefinida de la carta magna provincial, Ariel se frotó las manos y se calzó el traje de la sucesión. Los cuadros del PJ no resultaban una amenaza, con la cara menos rosada y fresca aún seguía siendo el mejor exponente del justicialismo para 2015.

Mientras todo seguía así, a Daniel le convenían las circunstancias como estaban planteadas, pero tras la derrota en octubre pasado, y la vuelta al diálogo institucional con el Gobierno Nacional, el escenario comenzaba a reconfigurarse. El gobernador, que es muy rápido y además comenzaba a recuperar la autoestima abrevando en la fuente de la juventud, entendió que la mejora de las relaciones con nación redundará en la llegada de recursos, lo cual hace que la función básica de Ivovich se deprecie. 

Las internas hacia adentro del PJ y hacía adentro de la relación Peralta-Ivovich hicieron colisionar dos proyectos de base personal. A Ariel en el seno del combo Peralta, que incluye a Don Hugo, la Polola y que se agrandó con la incorporación de Gabriela Peralta, lo empezaron a apuntar como cortándose solo. Encima el superministro se embanderaba a la cabeza de la reconstrucción de la relación entre nación y provincia, casi como el canciller político de la Provincia.

Habrá pasado mucha agua por debajo del puente, la relación Peralta-Ivovich no se desgastó de un día para el otro, habrán habido órdenes no cumplidas como transferencias de fondos a tal o cual ministerio, operaciones de postulaciones, mucha arena mediática y la lapidaria frase del gobernador que dijo que “algunos pueden ser gordos y no tener peso político”.

La sociedad se hizo insostenible, Peralta leyó el panorama político más algunas encuestas que le acercaron, no habló más ni de la ley de lemas, ni de reforma constitucional. Desde su comando le armaron un operativo clamor para una tercera candidatura y encerró a Ivovich con dirección obligatoria, la puerta de salida.

El 19 de mayo Ariel Ivovich y su ladero José Blasseotto renunciaron indeclinablemente al gobierno provincial (más tarde lo hacía la ministra Paola Knoop). Asegurando “no tener nada más que aportar en un gobierno que ha cambiado el rumbo”, léase que yo no manejo más los recursos y encima el gobernador quiere ser candidato de nuevo. Pero su inexperiencia le jugó una mala pasada y alegó como uno de los motivos primero “la creciente transferencia de fondos al Ministerio de Desarrollo Social”, que siendo parte de una interna entre el saliente superministro y Gabriela Peralta, se la dejó picando al gobernador que le salió al cruce con la doctrina peronista.

Luego en una desolada e improvisada conferencia de prensa, que por razones que aún se desconocen no salió en vivo, manifestó equivocadamente que “se iban por las decisiones inconsultas de Peralta”. Lejos de entender los mecanismos de conducción del peronismo, todos escritos en el Manual de Conducción Política por el mismo Perón, Ivovich no hizo más que manifestar que le habían sacado las facultades que le habían delegado cuando las papas quemaban, queriendo que leamos entre líneas que la conducción de la provincia, la administración de los recursos, la contención de los funcionarios, la construcción del espacio político, todo aquello que es responsabilidad de quien obtiene los votos, residía en él o a lo sumo en los dos.

Peralta siguió siendo Peralta todo el tiempo, nunca cambió ni cambia, el gobernador tiene la muy reconocible capacidad de hacerles creer a todos que esta vez va a ser diferente.

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