Río Gallegos

12 de diciembre

El año del reconocimiento a la lucha

La recuperación de un nuevo nieto, el 116 de la lista, hijo de Hugo Alberto Castro y de Ana Rubel, ambos desaparecidos, pone al 2014 como uno de los años con mayor cantidad de restitución de identidades, tres de las cuales tienen como protagonistas a mujeres centrales en la historia de las Abuelas de Plaza de Mayo.

El destino quiso que en este 2014 se restituyeran las identidades de los nietos de tres mujeres que son un símbolo en la historia de lucha de las Abuelas: Vilma Sesarego de Gutiérrez, una las doce fundadoras; Alicia "Licha" Zubasnabar de De la Cuadra, la primera presidenta, y Estela Barnes de Carlotto, actual titular de la agrupación y un ícono de la búsqueda de los niños que fueron apropiados durante la Dictadura.

En lo que va del año se restituyeron siete identidades de hijos de desaparecidos que eran buscados por sus familias biológicas y que no se sabía en qué situación se encontraban. 

Lamentablemente, como la propia historia de lucha de las Abuelas, compuesta en partes iguales por alegrías y sinsabores, los casos descubieros en 2014 incluyen a tres niños que fueron asesinados junto con sus madres en un avanzado período de gestación y que fueron anunciados el 30 de abril pasado.

Los otros cuatro fueron Ignacio Guido Montoya, nieto de Estela; Valeria Gutiérrez Acuña, nieta de Vilma Sesarego de Gutiérrez; Ana Libertad Baratti de la Cuadra, nieta de la primera presidenta de Abuelas, "Licha" De la Cuadra; en tanto que el pasado jueves se conoció la restitución número 116.

El hijo de Hugo y Ana nació en la ESMA, último lugar en el que sus padres fueron vistos con vida, y se enteró en agosto de este año de que no era hijo de quienes decían ser sus padres. 

En octubre se acercó a Abuelas para hacerse un análisis genético, como parte de lo que la propia Estela definió como "el efecto Guido", que no es otra cosa que un número muy importante de jóvenes de treinta y pico que se han acercado en los últimos meses a las oficinas de la agrupación para terminar con las dudas que tienen acerca de su identidad.

La historia de amor entre Hugo y Ana es una de las tantas que tuvieron lugar en la Argentina durante los años 70: dos jóvenes que se conocieron porque, sin saberlo, compartían todo lo que se necesita como para estar al lado de una persona por el resto de sus vidas.

Ambos militaban en las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), un grupo donde confluyeron militantes de pequeñas agrupaciones de izquierda y de desprendimientos de organizaciones más importantes. 

Ana era estudiante de Ciencias Económicas y trabajaba en el Laboratorio Bagó, mientras que Hugo era maestro mayor de obras, obrero en la fábrica Ford y estudiante de Arquitectura.

Hugo fue secuestrado el 15 de enero de 1977 en la vía pública cuando iba en su auto y dos o tres días después fue capturada ella por el Ejército en su domicilio de Villa Crespo, en la Capital Federal.

La restitución de la identidad del hijo de ambos y el encuentro con una familia biológica que lo buscó por más de 30 años es la mejor noticia que podíamos recibir en un año que afortunadamente nos llenó de buenas nuevas, esperando que en 2015 también podamos decir lo mismo.

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