Río Gallegos

19 de noviembre

Río Gallegos es Springfield

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Nos hemos convertido en una sociedad un tanto psicótica. A fines del año pasado celebrábamos la sanción de la ley que prohíbe el uso de pirotecnia.

Uno de los principales argumentos de esa norma fue “el daño y stress que causa a los animales cuyo capacidad sensorial es superior a la de las personas, generando taquicardias, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, pérdida de control, miedo y/o muerte”.

En este sentido gran parte de la comunidad de nuestra ciudad celebraba la mirada de los legisladores para cuidar las mascotas, que sufren con los estruendos de los fuegos artificiales.

Pero a fines de este año, la discusión acerca de las mascotas en Río Gallegos dio un giro de 180º, y de manera antagónica a la posición de cuidar los perros, a fines de 2017 los queremos “sacrificar”.

Lo que dejó la audiencia pública nos muestra las contradicciones a las que podemos someternos, hasta algún vecino planteó la posibilidad de crear un frigorífico de perros para alimentar a los chinos que vienen por las represas, asegurando que los perros de la calle son dólares caminando.

Peor aún fue la posición del concejal Daniel Roquel, que le valió el rechazo de toda la comunidad que se preocupa por los caninos.

Quien muy suelto, aseguró que hay que aplicar la pena de muerte a los canes que muerdan a alguna persona, y además multar a sus dueños.

No hizo referencia alguna acerca de los perros callejeros que no tienen dueño, no especificó como se aplicará esa pena de muerte, y como se determinará cual fue el perro que efectivamente mordió. Si va a haber alguna instancia de justicia canina, probablemente con ley de enganche, y si los propios perros darán testimonio, por lo que podría desencadenar en que los perros de Río Gallegos empiecen a hablar para evitar ser sacrificados.

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