Río Gallegos

19 de noviembre

Perdidos en la neblina

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El pasado domingo 24 de agosto, con la fuerte neblina que se reposaba sobre Río Gallegos y zonas aledañas, dos empleados de la Dirección Nacional de Migraciones que habían concluido su turno laboral a las 16hs, al parecer sin avisarle a nadie, decidieron ir a dar un paseo hasta una laguna que se encuentra cercana al paso fronterizo entre Argentina y Chile llamado Monte Aymond.

Es así que para las 22hs ni Alex Mansilla ni Martín Risónico habían vuelto a su lugar de trabajo, y lo que generó el alerta entre sus compañeros, que rápidamente dieron aviso a sus superiores de la situación. 

Rápidamente se implementó la búsqueda de ambos agentes migratorios, desplegando a agentes de la Gendarmería Nacional del lado argentino y de Carabineros desde el lado chileno, con dos problemas que impedían tener certeza en la posibilidad de éxito: por un lado no se sabía hacia adonde habían ido ambos empleados y por otro permanecía la niebla que en la oscuridad hacía nula la visión.

Los padres de Risónico alterados por la noticia se hicieron presentes en Monte Aymond a esperar a su hijo.

A las 4.30 de la mañana, en una camioneta con patente chilena aparecieron ambos agentes en las dependencia fronteriza, en el relato del periplo que atravesaron dijeron que salieron a caminar, y que cuando quisieron emprender la vuelta la neblina era tal que no podían el camino por el que habían venido. Además no tenían forma de saber la hora, y comenzaron a caminar con destino incierto. Atravesaron el alambrado que delimita ambos países, la ceguera hizo que se cayeran en varias oportunidades lo que le produjo algunos golpes, hasta que finalmente encontraron a un hombre en una camioneta en un pozo petrolero del lado chileno.

La suerte realmente acompañó a ambos, ya que este hombre se encontraba casualmente en el lugar, que cuando llegaron les indicó que estaban a 40km del puesto fronterizo y amablemente se ofreció a llevarlos. A esto se suma que el clima era bastante beneficioso para esta travesía, porque más allá de la niebla que les impedía la visión, la noche no presentaba bajas temperaturas que les hubiera producido una hipotermia.

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