ANALISIS
La Lealtad ya no vale nada
17 de octubre de 2018
La lealtad como elemento en sí mismo carece de valor.

La lealtad que le puede tener un periodista a un grupo empresario, por ejemplo, no puede compararse con la lealtad que le puede tener un militante a su compañero, a su referenta, o a su conducción. Lealtad que en el caso del militante será siempre recíproca, más en el otro caso, tal lealtad será unilateral: del periodista al dueño de la empresa y el dueño de la empresa a su propio espejo.

La lealtad no vale nada, decíamos, y pensábamos en el antónimo forzado del concepto y nos encontramos que si no hay lealtad, hay traición. Y la traición a lo largo de la historia se paga de un único modo que no diremos acá.

La traición hoy podemos verla en la política de alto nivel, en los diarios, en los noticieros. ¿Pensaste que íbamos a hablar del PJ? Minga. Estamos hablando de las traiciones macabras de personajes sin responsabilidad como Carrió y ese elenco estable que la rodea que trabajan de ponerse ropa rimbombante, tener peinados rimbombantes, amar de manera rimbombante (je) e ir a la tele a dialogar con el interlocutor y con fantasmas que hay alrededor y a quienes, en su rol de entrevistada, ella observa puntuando sus reflexiones. Así las cosas, el holgazán presidencial selecciona de la laguna genética a la aberración política más vergonzosa de la historia y pretende que no sea, por una vez, como el escorpión.

Sería más fácil que la diputada chaqueña electa por la Capital Federal (!) se haga Kirchnerista antes de creer que tiene alguna de estas capacidades:

1- Trabajar.

2- No romper la ONG Política en la que esté.

3- Ser agradable.

Porque la lealtad no vale nada. Y no es para cualquiera.

Pocos saben que en las prisiones en las que embuten Kirchneristas, para mucho preso sin condena la compañía que tienen es Dios, esa compañía que se queda cuando todos se van.

Y la otra compañía es la militante.

Allí, los Kirchneristas que saben que más temprano que tarde estarán afuera, se despiertan soñando con una visita que vendrá, una prueba cabal de que la lealtad no es una cuestión que le sucede a los demás.

Y allí los vemos, los visitamos. Los besamos y los abrazamos. Les contamos cosas y tratamos como podemos, de que los compañeros no se caigan, no se quiebren y sigan con la frente en alto ardiendo en el amor.

¡Por Dios!

¿De qué material se hace un subsuelo de la patria para que se subleve?

El subsidio de la Patria, doblegado en un rincón, acosado por el día a día y una falta de lealtad, una traición a lo que supimos conseguir, que aterra.

Porque negar lo que vivimos, cómo vivimos, y que vaya si fuimos felices, es negar a nuestra madre y hacerlo, es aflojar con la lealtad, preguntando sobre esa boca, ese voto, y esos ojos, ¿De quién son?, y jugando a que lo que logramos, lo tenemos porque tra-ba-ja-mos.

Ay, ay, ay.

Por quienes murieron, por quienes fueron matados.

Por les que desaparecieron.

Por Maradona como la leyenda del concepto.

Y por cada peronista que nace cada día, gritemos de corazón:

VIVA PERÓN.

No olvidamos.

No nos reconciliamos.

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