Río Gallegos

12 de diciembre

Macri y la mentira del G20

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Relato M

Durante los últimos dos años, estuvimos escuchando y leyendo en los diferentes medios de comunicación afines al gobierno de Mauricio Macri (que hoy representan casi la totalidad de ellos) que la Argentina “volvió al mundo” luego de que la política exterior de los años de gobiernos de Néstor y Cristina dejara a la Argentina “aislada” - “sin rumbo”, sin dar argumentos a tales afirmaciones ya que lo que se escondía detrás era una cuestión meramente ideológica de los sectores de la derecha de nuestro país que buscaban volver a los tiempos del alineamiento automático con Estados Unidos.

Hoy, las tapas de todos los diarios señalan la importancia de la presidencia del G20 por parte de nuestro país. Este hecho se convirtió en el estandarte del oficialismo a la hora de visibilizar logros en las Relaciones Exteriores. Sin embargo, si miramos apenas un poco los antecedentes de la Argentina en el G20, concluiremos que en realidad es parte de la “pesada herencia”.

 

Qué es el G20

El G20 como tal surge en 2008 producto de la crisis financiera internacional con epicentro en Estados Unidos pero que rápidamente tuvo consecuencias a nivel global. En ese entonces, el G7 -Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- se amplió con la incorporación de Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, República de Corea, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea.

El criterio para conformar ese grupo fue tomar a los primeros 20 países del ranking de PBI de ese año, es decir a los 20 países más ricos del mundo. Entre los cuales se encontraba la Argentina gobernada por Cristina Fernández de Kirchner, que Clarin y La Nación nos contaban que estaba devastada económicamente (¿?). 

Desde entonces, los países se reúnen de manera anual para debatir y negociar la adopción de políticas de cooperación que tiendan a impulsar y fortalecer el crecimiento de la economía global, introducir reformas en el sistema financiero internacional, entre otras cuestiones de carácter político.

 

Aislados del mundo

Argentina no sólo no estaba aislada del mundo sino que tenía mucho para aportar al diseño de esta nueva arquitectura financiera global, en base a su experiencia de crecimiento económico sostenido desde 2003. Lo cual llevó no sólo a que la crisis financiera internacional tuviera un leve impacto en la economía doméstica en 2008, sino también a que conformara el grupo de países emergentes que desde entonces impulsaron el crecimiento de la economía mundial frente a la situación de recesión de los países desarrollados.

Dentro del G20, nuestro país ejerció un rol muy activo en diversas temáticas, específicamente las relacionadas con la generación de empleo como medida contracíclica y la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional. Esto último fue bastante significativo para nuestro país teniendo en cuenta la experiencia exitosa de la reestructuración de deuda soberana y la resistencia a los “fondos buitre” ejercida dignamente hasta fines de 2015.

Por citar sólo dos ejemplos, resulta interesante recordar la Cumbre de 2009, donde el trabajo conjunto entre Argentina y Brasil, impidió que el G20 adopte la flexibilización laboral como una respuesta a la crisis financiera internacional. Por otro lado, la Argentina instaló en la agenda del G20 en los años 2013 y 2014, en San Petersburgo y Sydney respectivamente, la condena del concierto de naciones a los paraísos fiscales, logrando que se los denomine “guaridas fiscales”. Hoy con los escandalos de los Panama Papers y otros, queda demostrada la vanguardia de la Argentina kirchnerista en la política global.

 

Macri presidente

Hoy nuestro país preside el G20. La gestión macrista, fiel a su estilo, desplegó sus recursos propagandísticos para hacer ver que esto fue producto de la “confianza que el mundo tiene ahora en la Argentina”, frase que repite incluso gente inteligente y formada. Sin embargo, esto es una gran mentira. Veamos.

Siguiendo su funcionamiento, la presidencia del  G20 rota anualmente entre sus miembros. En la tercera reunión, en el año 2010 en Corea del Sur se determinó que las próximas presidencias no podían quedar ligadas a las negociaciones, sino que era necesario contar con un sistema rotativo como sucede en todos las instancias multilaterales. Para ello, se conformaron 5 grupos con características geopolíticas símiles:

 

Grupo 1

Grupo 2

Grupo 3

Grupo 4

Grupo 5

Estados Unidos

Canada

Australia

Arabia Saudí

Rusia

Turquia

India

Sudáfrica

Mexico

Argentina

Brasil

Reino Unido

Francia

Alemania

Italia

Corea del Sur

China

Japon

Indonesia

 

En ese mismo año 2010, se procedió a realizar un sorteo parecido al que se usa para conformar los grupos del Mundial de Fútbol. Y desde ese momento, ya se sabía que la Argentina iba a presidir el G20 en el año 2018. Como ya se sabe que en el 2019 sera Japón y en el 2020 sera Arabia Saudita quienes ostenten la presidencia del grupo. Como también se sabe que dentro de 5 años más, en el 2023 cuando vuelva a tocarle al Grupo 3, sera Brasil quien presida el G20 independientemente de que su presidente sea Lula, Dilma, Temer o quien sea el ciudadano brasileño que llegue a la primera magistratura.

 

God bless you Mr. President

Esto demuestra que el hecho de que Macri sea el presidente pro tempore del G20 fue magia. La magia del sorteo de Corea del Sur de 2010. O valga una reflexión rectificativa… Fue fruto del proceso de recuperación argentino iniciado por Néstor Kirchner en 2003, que llevó a la Argentina a que en el año 2008 cuando explotó la crisis de Lehman Brothers y cambió el mundo, estemos entre los 20 países más ricos del globo en términos de PBI.

De todas formas, más allá de la importancia que pueda tener o no el presidir un espacio a nivel regional y/o internacional, lo cierto es que son las medidas que se impulsan y los beneficios que surgen de las mismas, lo que termina de definir el éxito o no de una política exterior. Por ende, lamentablemente, en estos tiempos que corren, se podría afirmar que la continuidad de Argentina en este foro internacional se reduce a la participación boba y a ser un eslabón necesario para el crecimiento del poder de los países centrales.

Todo lo expuesto en este racconto sucinto prueba que Argentina no sólo no estuvo aislada del mundo sino que además la gestión macrista busca adueñarse de un logro que no le pertenece.

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