ANALISIS
EL NUMBER ONE
9 de marzo de 2018
25 de octubre de 2015, CABA -

En el Luna Park las caras eran largas, larguísimas. La desolación y el terror de una posible derrota bailaba amarga sobre las cabezas de los militantes que miraban sus celulares que empezaban a titilar casi sin batería. Daniel Osvaldo Scioli no salía al escenario y los militantes no encontraban a su alrededor a lo que esperaban: a la agrupación más grande del país. 

La Cámpora se había ausentado del Luna Park, refugiada en el búnker de Aníbal Domingo Fernández, en un hotel. La desolación y un país roto empezaban en ese preciso instante, ululando una marcha fúnebre con ecos de fiesta en la grieta recién fresca y abierta en el campo popular; Aníbal con la agrupación de Kirchner, un bigote gigantesco y la operación de prensa más burda de la historia encima por un lado, por el otro Daniel Scioli con las agrupaciones que respondían a Cristina y por arriba de ambos actos, Macri y Vidal bailando la bamba en un lugar repleto de canapé de peronista.

9 de marzo de 2018, el universo 

Cuando el ex Jefe de Gabinete apareció las últimas semanas reclamando las luces del escenario para sí mismo, accedimos al patético espectáculo del mejor standupero político tirándole sal a la herida de un perro al que nadie le importa. Ropa sucia fuera, dijo el Indio, y sin embargo el ex bigotón prefería agarrar la ropita sucia, mostrarla a todo el mundo y salir a chillar a los cuatro vientos "este BIGOTE es mío".

Ya sin el virus informático llamado Anita_Montanaro.exe instalado en todas las cuentas de la ex presidenta, AF se miró al espejo, recortó su barba para modernizarse y afianzado como nunca en la realidad de no ser bajo ningún concepto absolutamente nadie relacionado a la operación de Lanata que lo vinculó a las siete plagas, buscó un enemigo para pelear y poder volver a ser invitado a lugares de excelencia política como el programa de Mauro Viale y alguna emisión de C5N toreando a la polémica.

Desde allí, eligió a sus enemigos para subirlos al ring: Mauricio Macri, La Cámpora y Máximo Kirchner.

De Macri dijo que hizo un gobierno horrible. 

De La Cámpora que no saben nada de política, quizás olvidando que los únicos que lo bancaron en su aventura de moderna campaña bonaerense fueron ellos y ellas: una campaña que no tuvo nada de territorial, mucho de televisivo y bastante de músculo de jefatura de gabinete: no alcanzó, fue derrotado por un gobierno horrible y la campaña fue un error que quedará en la historia. 

Y de Máximo Kirchner dijo lo mismo, usando el recurso más viejo del universo de pegarle al pingüino para que salte la pingüina.

Pero: cuando le preguntan sobre la derrota de 2017 del Frente Para la Victoria, o Unidad Ciudadana, o como se llame, Aníbal, el ex funcionario de Ruckauf (Sheriff, Sheriff, mi Sheriff gigoló!), la niega o la rechaza, diciendo que Ella con mayúsculano perdió porque logró más votos que nadie en la oposición con "absolutamente nada".

Bueno sería contarle a este señor que ese absolutamente nada, muy posiblemente haya sido el mismo entorno que estuvo acompañándolo a él en la derrota, el mismo entorno que la cuida de los virus informáticos, y el mismo entorno que no sabe nada de política: ese mismo entorno que le armó la campaña, que militó lo que se hizo en 2017 y que sigue estando al pie de la lealtad. 

Nada, digamos.

Una diferencia minúscula: en 2017 con el gobierno, la justicia y el 100% de la prensa en contra, Cristina y La Cámpora sacaron 3.491.136 votos. 

El ex Jefe de Gabinete ricotero en 2015 con el gobierno a favor, la justicia en una acomodaticia neutralidad y muchos medios en contra, sacó 3.230.789 votos.

Nada, digamos.

No obstante Aníbal hoy es un kamikaze que ameniza la función.

Por eso desde el lado bueno de la vida, le pedimos a él, que sabe más de política que nadie en el mundo, que haga el trabajo y nos redima.

Por favor.

¡Que se mejore!

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